Marisol Mendez

6 de deciembre de 2018

Marisol Mendez

Al producir imágenes de baja fidelidad que capturan momentos efímeros de intimidad, la fotógrafa nacida en Bolivia y con sede en Londres, Marisol Méndez, nos muestra la belleza de la imperfección y la transitoriedad.

¿Cómo te interesaste por la fotografía?

Cuando cumplí dieciocho años, me mudé a Buenos Aires para estudiar Comunicación Audiovisual. Originalmente, mi intención era ser guionista. Estaba familiarizada con las palabras y su gramática, pero aún tenía que aprender el lenguaje de las imágenes. En un esfuerzo por hacer que mi proceso de escritura sea más efectivo, decidí tomar algunas lecciones de fotografía. Muy pronto, lo que comenzó como una habilidad complementaria se convirtió en una vocación.

¿Cómo describirías el contenido y la estética de tu arte?

Mis obras son motivadas por las emociones y, a menudo, tratan de las dinámicas entre la inmediatez y la intimidad. Desde un encuentro fugaz con un extraño en el metro hasta las complejidades de una historia de amor, lo que constituye el núcleo de mis fotografías es la relación que establezco con el sujeto. En términos de estética, no me suscribo a las jerarquías de imágenes y, en cambio, tiendo a combinar procesos de baja fidelidad con sofisticadas técnicas fotográficas. También soy propensa a crear analogías visuales al combinar diferentes imágenes en composiciones caprichosas.

¿De dónde viene tu inspiración creativa?

La inspiración es una cuestión de prestar atención al mundo que te rodea.

¿Hay alguna filosofía que sustente tu trabajo?

Vengo del continente del realismo mágico y del barroco andino, donde la realidad se entrelaza con el mito, y lo nuevo y lo viejo cohabitan. Con mi fotografía, exploro constantemente este espacio liminal. Como resultado, las imágenes oscilan entre espontaneas y posadas, naturalistas y surrealistas. En mis imágenes, el cuerpo humano es contextualizado por elementos de la naturaleza. Además, combino los retratos con paisajes naturales en un intento de incorporar toda la gama de la complejidad humana en una visión panteísta del mundo. A veces, estas analogías dibujan un paralelo entre la frescura, la abundancia y la voluntad de poder de la naturaleza; a veces exponen el contraste entre la floración y el marchitamiento.

¿Qué emoción quieres evocar de tu audiencia a través de tu arte?

Para mí, fotografiar a alguien se siente como participar en su vulnerabilidad, como revelar conocimiento sobre la persona que tal vez ella misma no sabe. Una fotografía es una invasión de la privacidad, una incisión en la realidad. Cuando la gente mira mis imágenes, quiero que recuerden que la humanidad es hermosa gracias a (no a pesar de) su naturaleza transitoria e imperfecta. Trato de lograr esto a través de mis imágenes abrazando lo que la gente podría ver como «fallas». Fijo mi lente en marcas de nacimiento, celulitis, pelo desordenado, espinillas y cicatrices, de la misma manera que permito que la luz, los rasguños o los borrones se agreguen a la personalidad de una imagen.

¿Qué temas parecen reaparecer en tu fotografía?

Lo absurdo y lo sublime de lo cotidiano, la plasticidad de la identidad y la tensión entre la verdad y la ficción.

¿Cómo exploras los temas de género, sexualidad e identidad en tus obras?

Lo que no se puede articular a través del falogocentrismo de la representación institucionalizada de las mujeres, se puede comunicar a través del patetismo femenino. En un mundo que lucha por definir y defender la feminidad, mi objetivo es rescatar a las mujeres del silencio y producir imágenes que transmitan la experiencia única del Otro.

¿Está tu historia personal representada en tu arte?

Creo que todo lo que hacemos, leemos, consumimos, observamos, estudiamos o experimentamos escurre hasta el trabajo que producimos. Anaïs Nin dijo: «No vemos las cosas como son, las vemos como somos.» Esto suena cierto especialmente cuando pensamos en la fotografía. Aunque hay un sentido en el que la cámara capta la realidad en su veracidad, las fotografías son tanto una interpretación del mundo como una pintura o un poema.


Daydreamers

Cuando me mudé a Londres por primera vez, vivía en una residencia que alberga estudiantes de arte y moda. La forma en que se visten y se llevan a sí mismos, su imprudencia, auto-absorción, creatividad y extravagancia nunca dejan de maravillarme. Al principio, observé desde la distancia y fui una audiencia para sus actuaciones. Pronto, sin embargo, el papel de una espectadora glorificada no fue suficiente, así que decidí abrir una ventana y dejar que estos momentos se convirtieran en recuerdos sensibles a la luz. A medida que mis imágenes se convirtieron en primeros planos, mi relación con mis compañeros se convirtió en verdadera amistad. Ya no fotografiaba a extraños, documentaba personas reales.


Doves in the wind

Esta serie surgió como una respuesta a la sobrecarga de desnudez femenina que obstruye los medios. Estar desnuda es ser tu misma. Estar desnuda es que te digan cómo debe verse la desnudez. A lo largo de la historia las mujeres han sido objetos para ser mostrados. Los senos han sido censurados, realzados, fetichizados, deseados, juzgados. Parece que están allí para alimentar un apetito caprichoso, no para tener su propio. Con estas imágenes intentaba devolver el poder a los verdaderos protagonistas, a los corazones que latían detrás de los pechos, pero luego sucedió algo más. Ya no me sentía como una mera espectadora. Allí, en la ventana, comenzó a aflorar mi propio reflejo.

¿Qué proyectos tienes en el futuro?

A principios de octubre formé parte de Shutter Hub OPEN, una exposición colectiva con 150 fotógrafos de todo el mundo. ¡Recientemente me enteré de que la exposición tendrá lugar en Ámsterdam del 7 de diciembre al 15 de enero de 2019!

Gracias, Marisol.

Puedes encontrar más del trabajo de Marisol Méndez en su sitio web y en su Instagram


La entrevista original se realizó en inglés y ha sido editada por razones de brevedad y claridad